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Habrá Comedor Y Bolsa De Alimentos Para Uniformados Pobres: La Policía Federal Admite En Los Hechos Una Crisis Salarial Que Ya Avergüenza A La Fuerza.

   
Habrá Comedor Y Bolsa De Alimentos Para Uniformados Pobres: La Policía Federal Admite En Los Hechos Una Crisis Salarial Que Ya Avergüenza A La Fuerza.

Habrá Comedor Y Bolsa De Alimentos Para Uniformados Pobres: La Policía Federal Admite En Los Hechos Una Crisis Salarial Que Ya Avergüenza A La Fuerza.

La decisión puede aliviar urgencias concretas, pero difícilmente cierre la crisis. Dentro de la Federal crece la percepción de que el problema ya dejó de ser salarial en sentido estricto para convertirse en una cuestión de dignidad institucional.


Buenos Aires, 25 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La Policía Federal Argentina pondrá en marcha desde la semana próxima un comedor destinado al personal en servicio de las jerarquías más bajas y medias-bajas que no puedan costear su propia comida, en una decisión que expone con crudeza el deterioro salarial dentro de una de las instituciones históricas del Estado. La medida, confirmada a Total News Agency por tres fuentes de la fuerza, alcanzará a Subinspectores, Ayudantes, Cabos 1°, Cabos, Agentes, Auxiliares de Seguridad y Defensa y Auxiliares de Inteligencia, con la particularidad de que varios de esos escalafones podrán concurrir incluso estando francos. Más que un beneficio, dentro de la propia institución la novedad fue leída como un síntoma alarmante: una admisión práctica de que parte del personal ya no puede pagar algo tan básico como su ración diaria.


El impacto interno fue inmediato. Las fuentes consultadas por TNA describieron la medida como “indignante”, “vergonzosa” y “más que humillante” para una fuerza que durante décadas se pensó a sí misma como un cuerpo profesional, jerárquico y con orgullo de pertenencia. En ese clima, varios efectivos trasladaron una sensación compartida: que la creación de un comedor para personal que no puede comprar su comida representa una postal impensada hasta hace pocos años. Algunos la resumieron con una frase que, por sí sola, retrata la dimensión simbólica del deterioro: “somos la Policía Federal Argentina”. No se trata sólo de ingresos bajos, sino del golpe moral que significa para muchos uniformados tener que aceptar asistencia alimentaria dentro de la propia estructura estatal a la que sirven. De los aumentos salariales prometidos por la ministra y jefe de policía, nunca más se habló, todo quedo en nada, dijo uno de los uniformados.


Los números ayudan a entender el trasfondo. De acuerdo con las escalas salariales difundidas en marzo, un Agente percibe alrededor de 878 mil pesos, un Cabo unos 965 mil, un Cabo 1° cerca de 1,06 millón, un Ayudante unos 956 mil y un Subinspector poco más de 1,05 millón. Al mismo tiempo, el último informe del INDEC indicó que una familia tipo de cuatro integrantes necesitó en febrero 1.397.671 pesos para no caer debajo de la línea de pobreza. Traducido sin rodeos: buena parte del personal alcanzado por el nuevo comedor queda por debajo de esa referencia si sostiene un hogar familiar con su sueldo, e incluso en los casos en que hay más de un ingreso en la casa, la ecuación se volvió cada vez más asfixiante por la aceleración del costo de vida y el congelamiento relativo de los haberes.

La situación se agrava porque no se trata de una fuerza cualquiera ni de un empleo convencional. Los efectivos de la PFA cumplen jornadas extensas, servicios adicionales, guardias, traslados y tareas de alto riesgo, muchas veces con fuerte exposición pública y exigencias permanentes. Por eso, la sola idea de que un agente armado del Estado necesite recurrir a un comedor institucional para poder almorzar o cenar durante su servicio genera una conmoción interna difícil de disimular. En los hechos, la medida parece pensada para evitar un mal mayor, pero al mismo tiempo deja a la vista una precarización que golpea en el corazón de la moral de la fuerza.

También hay un costado político que vuelve todavía más delicado el cuadro. La conducción del área de seguridad nacional quedó en los últimos meses atravesada por promesas de jerarquización, profesionalización y fortalecimiento operativo. Sin embargo, la implementación de un comedor para personal que no puede pagar su comida va en sentido contrario a ese discurso. No habla de fortalecimiento, sino de supervivencia. No muestra una fuerza en expansión, sino una estructura obligada a improvisar un auxilio alimentario para evitar que el deterioro salarial siga perforando la vida cotidiana de sus hombres y mujeres. En esa contradicción se juega buena parte del malestar que hoy recorre pasillos, guardias y dependencias.

Cuando una fuerza federal debe organizar un comedor para que parte de su personal pueda comer, el mensaje que baja no es de contención, sino de derrumbe. Y eso explica por qué, detrás de la resignación, también empieza a aparecer una bronca silenciosa: la de quienes sienten que el uniforme sigue exigiendo disciplina, riesgo y obediencia, pero el Estado ya no garantiza ni siquiera un ingreso compatible con una vida mínimamente decorosa.


Fuente:Total News Agency
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