La mañana era húmeda, muy húmeda, ya que en estos días “el niño” se viene notando, con tormentas y lluvias.
Sobre la ruta que rodea Santa Elena, y que desemboca en el mismísimo lugar del tan alabado centro turístico, se encuentran varios de los basurales a cielo abierto que desde hace muchos años es cuestión de conflicto.
Los camiones de residuos de la municipalidad, y también algunos particulares ocasionales que descargan sus desechos en esos lugares, son esperados ansiosamente por un grupo de personas durante todo el día, a partir de horas muy tempranas.
Hoy, como dije fue una mañana muy calurosa, y los camiones esta vez se dirigieron a un lugar que solamente se descarga los días de mucha lluvia, ya que el camino lo permite.
Entrar por ahí, también me fue dificultoso, las profundas huellas de los camiones y el barro hicieron lo suyo. Me dirigí con cuidado, como tratando de no incomodarlos con mi presencia, por el hecho de ser extraño a su cotidianeidad.
El ambiente me recibió de manera muy hostil, por no estar acostumbrado a ese ámbito. Comencé a toser, pero ellos simplemente me observaban, estaban como a la defensiva, y pensando vaya a saber qué. Ellos no tosían, pues quizás ya están aptos sus pulmones…
Comencé a hablar poco a poco, con la intención de no usurpar bruscamente su “lugar de trabajo”, y empezamos a charlar.
Mientras juntaban me contaron de su rutina, de sus familias, sus anhelos y sueños.
-Somos como 45 familias que realizamos esta tarea, ahora quedamos nosotros, los demás se fueron a comer y vuelven luego. Vivimos casi todos por la zona-
-No hay trabajo, y este es el único sustento- decía uno de ellos.
-Vienen familias enteras a recolectar todos los días, y levantamos de todo, lo que nos sirve, desde aluminio hasta comida…¡Qué vamos a hacer!
¿El lugar?, a un lado de las viejas ruinas de la que alguna vez fue una próspera fábrica de medicamentos, que también seguramente fue víctima de las políticas económicas de algún gobernante de aquella época “Hopofarma” creemos que se llamaba.
Allí se encuentran, todos los días como medio centenar de ciudadanos de Santa Elena, que viven de lo que otros descartan, y quizás también que muchos ignoran.
Chicos, mujeres y personas mayores que a diarios recorren ese extraño mundo de los residuos.
Fuente : Departamento La Paz.


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